5 de julio de 2010

Niña y fruta

Una llovizna inesperada y gris lo cubre todo. Un enjambre de benévolas gotitas, en el aire, en su turbulencia desteñida. El cielo y la tierra grises, los edificios, la gente, las palabras grises lánguidas que anuncian tristes días venideros. Pero en la frutería de la esquina, la fiesta del color; adonde se han guarecido los naranjas cuantiosos del atardecer, los verdes remotos de remotos bosques, el amarillo de todos los semáforos, y así con los rojos, los marrones. A veces salva el día ese núcleo de vida palpitante, corazón inédito de la urbe, faro para la vida que se desintegra en la llovizna. Hasta el cielo limpio se actualiza, en la voz delgada de una niña que pregunta dónde hay frutas azules.

1 comentario:

Pilar dijo...

¿Podría yo, acaso, estar más de acuerdo? Difícilmente... Siempre agradezco a las frutas y verduras su color (y siempre envidio a aquéllos que trabajan con ellas: porque tienen la alegría ahí, todos los días, presente en su rutina).
Abrazo(te).