29 de septiembre de 2008

Hojas quemadas


Está nublado y hay humo de hojas. Hojas que queman en algún lugar. Hasta mí, que voy veloz en el tren, llega el olor seco mezclado en el frío de esta mañana de mayo o septiembre. Estoy en el conurbano. En la ciudad ese humo no puede olerse, sencillamente porque no puede quemarse nada en la calle. Es posible que tampoco pueda hacerse aquí. Pero el conurbano es, por definición y ante todo, el lugar en que las normas se ignoran.
Está nublado. Ese olor a hojas quemadas llega siempre más nítido en días así. Habrá acaso, en el gris de las nubes, alguna resonancia especial, un eco visual del humo gris subiendo lento desde el montón de restos, desde la pira que fue hace poco sombra fresca. No es el olor de la basura que se quema, es el que recuerda el fuego amistoso de la noche, sobre la pampa, en las tolderías.
Pasa el tren con su velocidad tranquila. Pasa y cruza esa nube invisible de olor. Dentro, sentado, leyendo, levanto la vista. El humo que se huele se ha quedado en el vagón. Aún lo percibo varias estaciones después, desapareciendo hasta ser recuerdo que también se puede oler.

3 comentarios:

Minha Mora dijo...

Si no me equivoco, somos algo así como una "secta" de ex "alumnas" del profesor gracioso de lengua. Odie ese colegio. No me voy a poner a emitir un discurso reflexivo ni confidencial ni en pedo, pero a mi, particularmente, me daba asco esa "cosa" donde pasé tres años con los límites llegando a mis límites. Volviendo al grupo, no soy socia, pero comparto recuerdos cómicos de las clases de lengua. Los 3 minutos de gloria en los parciales es uno de mis preferidos. Conclusión, estoy delirando en este espacio porque literalmente me mandaste a leer el libro que define mi subjetividad: Dr. Jekill y Mr. Hide. No sé si es en agradecimiento, o si volví para vengarme. Saludos!

Minha Mora dijo...

Según Wikipedia me equivoqué: El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Pau dijo...

Bueno, qué linda forma de hacer referencia a la vieja de enfrente de casa quemando las hojas, sólo faltaría mi mamá quejándose porque la ropa que colgó se llena de olor.

Además de las hojas quemadas, lo que siempre me gusto más, y que en la ciudad no hay, es el olor a pasto recién cortado. Ya en ésta época se empieza a sentir más todavía, y eso, en la ciudad no está.

Me gustaría hacer un pedido: más cuentos.

¡Qué lindo blog, eh!


En cuanto tome más confianza, empiezo con alguna que otra crítica. No sea cosa de que el profe se acostumbre a que lo idolatren demasiado.



Otra alumna más, miembro de la secta.